El tiempo de la escritura, el tiempo del mate

Esperar. Voy poniendo la pava, decimos cuando esperamos a que la visita llegue para tomar unos mates, o que es lo mismo, para charlar. Esa pava podría ser eléctrica. Sería más fácil. Cargo el agua, aprieto el botón, y la máquina misma sabe a qué temperatura calentar, según el símbolo de mate que se dibuja en ella. ¿Qué tiempo debo esperar si pongo la pava de lata sobre el fuego de la hornalla? Es cuestión de observar, de escuchar, de atender. Hasta de prueba y error, diría. Capaz queda fresca, y el mate intomable. O capaz queda muy caliente y el primer sorbo te quema. Dejá el termo destapado, o agregale agua de la canilla.
Destapo la pavita, me fijo en el agua de adentro. Espero. ¿Qué espero? A que asomen las burbujas. Escucho. Cuando el agua está por estar, suena. Sé que tienen que surgir del fondo algunas burbujas, no muchas. Porque si empiezan a aparecer muchas, significa que está por hervir, y a esa temperatura yo no tomo el mate.
Observo, escucho. Acabo de ver un video de una entrevista a Leila Guerriero, donde le preguntaban qué opinaba de la Inteligencia Artificial. Hoy mismo a la mañana un amigo me pregunta: ¿Por qué no usás la IA para los mails de tu taller asincrónico? Me incomodó su sugerencia. ¿Por qué habría de darle a escribir a una máquina mi propuesta para el taller, cuando con este espacio espero que más personas se animen a escribir ellas mismas, y a cultivar su creatividad? Y justo esta tarde, me aparece esta entrevista a Leila. Es que me parece que la escritura, como tantas otras cuestiones relacionadas con la creatividad, es un trabajo muy artesanal, dice. Y continúa: Entonces, yo no quiero acortar el camino, yo quiero que el tiempo de ese camino largo, trabajoso, lento y paciente se quede pegado en lo que escribo.
Espero a que el agua esté lista, preparo el mate, pienso en la escritura. La espera, el tiempo que conlleva. Tratándose de un proceso recursivo, paciente, la escritura requiere de un tiempo especial, de encontrar la palabra justa, de que la experiencia que atravesó el cuerpo se vuelva lenguaje.
El agua marca su punto, me avisa, la escucho. De la pava, al termo. El mate está listo. Me siento a escribir.
Paulina Panza Guardatti